Música Empresonada Imágenes

25 de Marzo 2019

EN EL PATIO DE LA CÁRCEL (Antes de empezar MÚSICA EMPRESONADA)

¿Qué me importan todos esos muertos ya desaparecidos, y que no he conocido?

Lo que me empuja es entrar en ese patio borrado, que un día lejano habitaron hombres, prisioneros, guardianes y cómplices; todos los hombres que aquí respiraron, todos los que aquí esperaron, salieron o fueron sacados.

Más allá de esas contingencias mortales, más acá de todas las circunstancias, aquí hubo criaturas humanas; a ninguna la conozco, con ninguna me une lazo, parentesco o amistad. Las desconozco, hasta el punto de no saber identificar el rostro de quién era o quién fue víctima y quién verdugo. Rostros todos transparentes , todos ardientes.

Por eso siento que hacer este espectáculo es encender una pira. El río de los tiempos cruza este patio y se lleva los restos por los desagües, o su aliento ha sido aplastado por el cemento.

Puedo justificarme invocando la justicia histórica, esa que yo mismo no practico rigurosamente; puedo decir que es memoria; pero ¿cómo hacer memoria de los que no conocí, ni de gentes que no supe ni sé el color de sus ojos, el tono de su voz, el olor de sus manos?

Las crónicas y los documentos ayudan a cubrir las fosas y los huecos, y permiten tal vez rellenar los vestidos ya vacíos, pero no me ayudan a ponerle carne y sangre y semen y frío a estos cuerpos de los que sólo me consta un expediente en archivo cubierto de polvo.

Pero los huecos resisten. Los hechos sucedieron; sólo necesito usar argucias y pretextos para adentrarme en este patio donde hubo hombres, miedo, desconcierto, también coraje, riesgo y compromiso.

Sin esos hombres nosotros nada seríamos de todo lo que creemos anhelar.

En este patio la luz del sol oculta la oscuridad que es la existencia.

Este patio es el lugar perfecto en el que una pira arda. Aquí lo escrito  mudamente en piedra, se convierte en historia

Entro, pues, anónimo.

Entro aquí asustado.

Entro como un bárbaro torpe.

¿Quién vencerá en este cuadrado inmenso? ¿este suelo estéril con pozos hasta el otro mundo, o la caravana de actrices y actores y músicos?

Y al leer los nombres de la Banda de Música de Sant Miquel dels Reis, descubro que para reconocer a todos esos desconocidos, perdidos en memorias ajenas, sólo tengo una manera de invocar los rostros lejanos, y es la de  moverme en la convicción, la apuesta y la necesidad de abrazarlos, olerlos, escucharlos.

A saber, unas palabras y unas partituras, unas páginas y unos sonidos.

Como cartas con un  remitente que me espera.

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Ese hombre tiene un mundo en su cabeza

SINOPSIS

Rafael Chirbes (o su doble) regresa a la casa de la madre , a la memoria . Es un viaje más, un ir y venir por los mundos y por Tavernes de Valldigna, Marruecos, Valverde de Burguillos, Denia, hasta su último refugio o escondite: Serra Segaria /Beniarbeig.

Sus primeras novelas, en especial Mimoun , son los campos de batalla del autor contra su memoria, sus huidas, la realidad política, el sentido de escribir con buena letra, y los disparos de su cuerpo. Los contendientes son su doble (o Chirbes), Alfons Cervera, Enric Juezas, Juanjo Prats y una compañía de teatro agazapada en las sombras de Carmen Calvo y Chirbes.

¿Con quién comparte su experiencia el espectador?

 

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Hermosura de la superficie en blanco

Hermosura de la superficie en blanco, pero es una belleza que atrae a los náufragos.

Por eso mancho la pantalla, anotando la fecha, el día, el mes, el año, y hasta la hora: son las veintiuna horas, treinta y siete minutos y quince segundos. No sé cómo seguir, ni cómo cubrir toda esa superficie sin límites con una red de pensamientos que quisieran tener la dureza del acero pero tienen la liviandad de una isla de islas flotantes. Ahora mismo es siete de junio del año dos mil quince, pero necesito que fueran todos esos dos mil quince años a la vez, para grabarlos aquí, con el simulado pretexto de ser un fiel contable, cuando lo que sucede es que no sé nadar.

Apenas me quedan letras en los pulmones, sé que se me acaban las palabras, y bloqueo las últimas caligrafías.

Miro adelante y veo aún mucha página en blanco, una especie de hoja hasta el horizonte, todo blando.

No puedo ya trenzar trazos, bracear sílabas, así que recito en voz alta libros que conozco de memoria, poemas de la escuela, rayas en la pizarra.

Pero de nada sirve.

Necesitaría saber escribir bien y fuerte.

Pero en el último instante, cuando tengo al alcance de la mano el cabo de la hoja, la bahía en la punta de los dedos, no llego.

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